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Cuando Juan y Tula fueron a Siritinga

CAPÍTULO 11 - ¿Guijarros o estelas?

 


CONTROL.- CD RITES

Sinopsis Cáp. 10.

Loc.- El-Jormaz, ya en el palacio de Moona Tirrell, y reunido con la princesa, Juan el Menor y Tula presenta a los dos forasteros a su mascota Gorella, que le ha salvado de la muerte. La agradable "tertulia" es interrumpida insistentemente por fuertes movimientos sísmicos. El Maestro de los Códigos decide que es el momento de actuar: es urgente pactar con los Víborx, lo pide Siritinga.

 

Capítulo 11

CONTROL.-

1.- Siritinga pedía ayuda. Sus gritos estremecían con alarmante frecuencia las paredes del Desfiladero desde Arenas a SaucoGrís.

2.- Todo un mundo parecía a punto de desaparecer. Los puertos seguros de Siritinga amenazaban con hundirse en su propia prosperidad.

1.- Como un jinete de oro en la ciénaga del pantano.

2.- Joder!

1.- ¿Qué te pasa!?

2.- Nada, que estás muy guapo con esa camisa.

1.- ¿Verdad, ... es nueva¡

2.- Ya. No te la habrá regalado la becaria que hace de Moona Tirrell?

1.- No. Mi madre.

2.- Qué maja tu madre.

Dios.- (Impaciente)¡Siritinga pedía ayuda!

 

CONTROL.- Gran trueno

 

1.- Como una llama de esperanza que fatalmente ha encendido el reguero de pólvora, la noticia de la presencia de Juan de Olarcos en SaucoGrís, hacía que todas las miradas se fijaran en ese pequeño zahorí, que desde la terraza del Palacio Tirrel contemplaba ahora, como un niño maravillado, el imponente despliegue de fuerzas aerostáticas convocado por el Consejo de los Clanes Tingar.

2.- Más de un centenar de globos de diferentes tamaños y diversa armadura maniobraban sobre la ciudad de los palafitos, obedeciendo las sonoras órdenes de las Cornamusas de los Heraldos de Taifas.

1.- Como un húmedo bordón, el rumor sordo y constante de los temblores que estremecían el desfiladero, añadía a esas mismas miradas el pánico y la desesperación de un pueblo que fatalmente sospecha que la suerte ya está echada.

2.- Alea jacta est.

Juan.- Veni, vidi, vicit.

Tula.- (Al menos eso es lo que se espera de ti, hermano).

Juan.- Necesitaré tu instinto, Tula, y más si nos llevan a las madrigueras, como dijo la princesa. ¿Por cierto, sabes dónde puede estar?

Tula.- (No lo sé ni me interesa).

Juan.- ...Tulaaaa, así no me ayudas.

Tula.- (Estará por ahí, reventando gusanos podridos... como el que nos dejó de bienvenida la primera noche en el Salón de Renos).

Juan.- Solo tienes la certeza de un sueño, Tula.

Tula.- (Mira, hermano, la amnesia que hemos tenido tú y yo solo puede producirla el veneno de una bruja. Y esa bruja se llama Moona Tirrell).

Juan.- De acuerdo, utilizó recursos poco elegantes. Pero por razones de estado. Los poderosos suelen ser poco escrupulosos.

1.- No muy lejos, en la Cámara de Juegos del Palacio Tirrell, la princesa y El-Jormaz se someten a una extraña ceremonia.

2.- Sí, ahora se llama ceremonia.

Moona.- ¿Tenemos tiempo para una partida?

El-Jormaz.- Me habéis traído hasta aquí para eso...

Moona.- Y tú me has seguido, como un perro faldero.

El-Jormaz.- Os he seguido como a una perra en celo.

Moona.- ¿Guijarros ó estelas?

1.- La princesa Tingar, dejando caer su capote al húmedo suelo de la Cámara de Juegos, se había detenido frente a un tablero oval. Sobre él, alineadas diagonalmente se enfrentaban dos filas de diminutas esferas.

2.- Canicas.

1.- Sí, doce canicas de extrañas formas interiores.

2.- Canicas transparentes, con alma de amuleto.

1.- Seis parecían simples guijarros de un río.

2.- Guijarros de sílice del Tobar Sagrado de SaucoGrís.

1.- Las otras seis relucían como diminutas estrellas constelando una corta lanza sobre el mágico tablero oval.

2.- No es mágico, los hay parecidos en todos los burdeles de Siritinga.

1.- El-Jormaz barrió de un manotazo los seis guijarros y con un gesto entre pícaro y desafiante se los metió en la boca.

Moona.- Sucio puerco tramposo!

2.- La Tirrell saltó sobre el gigante con una pirueta de sacerdotisa minoica y derribó al toro de Saralham como si una libélula se hubiera posado en un junco.

1.- Rodaron en un violento abrazo derribando cuantos objetos, plantas y visillos fantasmales arrollaban a su paso.

2.- Aprovechando un descuido -quizá voluntario- de su gigantesca presa, Moona Tirrell clavó su boca en la de El-Jormaz. Volvieron a rodar los cuerpos y los candelabros.

1.- Triunfal, con las mejillas sonrosadas como una muñeca, la Princesa levantó sus labios un instante y escupió con fuerza.

Moona.- Una!

2.- La canica salió de la boca de la Tirrell y se incrustó en el gran tapiz de musgo que como una gran lámpara vegetal ocupaba casi todo el techo de la cámara de Juegos.

1.- Una a una fueron cambiando de boca todas las sílices para acabar las seis jugando a las canicas en aquel insólito descampado de verde musgo. Los labios de El-Jormaz sangraban. El pecho de la Princesa Tingar subía y bajaba como un..., como un..., bueno, más bien como DOS. (Suspiro).

2.- Tendido en el suelo y recostándose ahora sobre un brazo el guerrero Ariesano, se pasó el dorso de la mano velluda por los labios y, tras saborear su propia sangre, miró aquel cuerpo que tras derrotarle se dirigía victorioso hacia el tablero.

1.- El espíritu de un muchacho encarnado en el cuerpo de una mujer voluptuosa.

2.- Aquella era la Moona Tirrell con la que al Señor de Laris no le importaba pactar.

1.- Con untuosos movimientos de sus largos dedos la princesa Tingar fue sumergiendo las seis estelas que quedaban sobre el tablero, en ese recóndito pliegue de su mutante anatomía.

2.- En cuál?

1.- En... el pliegue.

2.- En éste, o en éste?

1.- A ver... (suspiro)... me parece que en éste.

2.- Estás seguro?

1.- Visualmente sí. Pero necesitaría un reconocimiento más minucioso para confirmarlo.

Moona.- Recuerda las reglas: no puedes utilizar las manos.

El-Jormaz.- Te haré cosquillas con la lengua.

Moona.- Si no tienes nada mejor...

2.- Un apremiante trompeteo de cornamusas convocando a los jefes Tingar sacó a los dos jugadores de la pasión de la ceremonia.

1.- El-Jormaz, incorporando como un volcán su estatura de gigante en el recargado ambiente de la Cámara de juegos, dio tres pasos en dirección a su contrincante. Rodeó a la Princesa con sus poderosos brazos y levantándola por encima de su propio pecho, concluyó:

El-Jormaz.- No vuelvas a jugar conmigo.

Moona.- No sabes perder.

El-Jormaz.- Volveremos a hablar de este tema cuando acabemos la partida.

Moona.- ¿Y vais a dejarme así?¡

El-Jormaz.- Estimulará más mi apetito esperar a que se ablande el relleno.

Moona.- Tendrás que vigilarme de cerca, guerrero, si no quieres que otro te robe el manjar.

El-Jormaz.- He conocido mejores desafíos.

Moona.- Pero no creo que hayáis saboreado jamás mejores rellenos.

CONTROL.- RÁFAGA

2.- Gustas?

1.- El caso es que estoy lleno, pero si no te importa, creo que voy a repetir.

2.- No, no me importa.

Dios.- ¡Buen provecho!

1.- Gracias, ¿si gustas?

Dios.- Lo que me gustaría es que dejarais de jugar a las cocinitas y relataseis de una vez lo que ocurrió Cuando Juan y Tula fueron a Siritinga.

CONTROL.-